

P- Usted ha sido un torero comprendido y admirado en el norte y en el sur, donde ha cosechado grandes triunfos, ¿a qué se deben estas particularidades?
R- Siempre he procurado dar la talla y dar la cara, con más o menos suerte en todos y cada uno de los lugares donde me he vestido de torero, y creo que la gente ha sabido apreciarlo.
P- ¿Es en su carrera Madrid una espinita clavada? ¿Cree que había motivos antitaurinos, contra usted? Y lo digo ya que yo lo vi en una corrida donde estaba la plaza abarrotada de pañuelos solicitándole la oreja y no solo no le concedieron el trofeo sino que usted se negó a dar la vuelta al ruedo, ¿por qué?
R- Madrid y yo nunca nos hemos entendido. La mayoría de las veces yo he sido el culpable de que las cosas no salieran bien. En otras ocasiones pasó que el que estaba en la plaza era Jesulín de Ubrique, si no las tornas hubiesen cambiado mucho. Por ejemplo, una faena con un toro de Guardiola, otra con un toro del Puerto de San Lorenzo y otra con un toro de Garcigrande. Entiendo la disputa que hemos tenido siempre porque Madrid es una plaza que da mucho y quita mucho. Pero no fue mi caso.
Ese día no di la vuelta al ruedo entera. Me volví en el Tendido 7. Creo que fue injusto que no se me concediera el trofeo, agradecí el interés y el cariño de la mayoría y me volví en el tendido donde no supieron valorar lo que había hecho aquella tarde.
P- Maestro, ¿qué recuerdos tiene del último toro indultado en nuestra comarca y más concretamente en la ciudad del viento, Tarifa?
R- Una faena rozando la perfección y donde el toro me brindó la posibilidad de realizar la faena que todo torero sueña. Nos encontramos un gran toro y un gran torero.
