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Anécdotas taurinas.

Anécdotario Taurino

Se distinguía por su amistad con el matador, don Francisco Romero Robledo, el famoso político antequerano. A pesar de la diferencia de posiciones, cultura y educación, los dos sentían un recíproco sentimiento de afecto.

A menudo el político sentaba a su mesa al ídolo de los toros. Un día, llegada la sobremesa, don Francisco, arrebatado por el entusiasmo que sentía por el torero, le dijo:

- Rafael, eres una gloria. ¡Una verdadera gloria! ? ¿Yo una gloria? (replicó el diestro) ¿Una gloria de qué, don Francisco?
- Del toreo y de Córdoba, Rafael. En tu tierra hay dos glorias indiscutibles: tú y Gonzalo Fernández de Córdoba.

“Lagartijo” se quedó mirando fijamente sin atreverse a rectificar, y después de una breve pausa manifestó convencido:

- ¿Yo y Gonzalo Fernández de Córdoba? Usted perdone, don Francisco, pero somos tres. ¿A dónde me deja usted “ar” Gran Capitán?

Un brindis original

Toros en la localidad gala de Toulouse. El espada –un gitano—previamente informado por un amigo de que nuestro “usted” corresponde en francés un “vu”, fonéticamente hablando, dijo así al momento de brindar:

- Se lo brindo a “Vu”, a la “Vusa” de “Vu” y a los demás “Vuses” “der parco”.

Los que le entendieron, solo unos pocos, celebraron el brindis como se merecía.


Cortarse la coleta

Rodeado de varios admiradores Rafel el “Guerra” les contaba la emoción que sintió el día de su retirada de los ruedos.

- Después de haber toreado en Zaragoza –empezó diciendo—vine a Córdoba, y aquí, en mi casa, mi mujer, delante de mi madre, de mis hijos y de los hombres de mi cuadrilla y de varios amigos, cogió la tijera y me cortó la coleta...
- ¿Sentiste algo raro? –preguntó uno.
- Sí. Yo, al sentir el ris-ras de la tijera, sentí cosa... una cosa que me tuvo unos minutos sin poder hablar... Y esta emoción se aumentó cuando vi que mi madre le cortaba también la coleta a mi hermano Antonio, y que Beao, mi picador de confianza, que conmigo había trabajado siempre, llamó a mi hijo Rafaelito, y, con lágrimas en los ojos, le dijo, dándole la tijera:
- Anda, “chavea”, córtame a mí también la trenza, que yo no quiero servir a “nadie” después de haber “sío picaor del mejó” torero de España.

Cetrina.

VI Premios TaurinosDesdelcallejonTemporada 2004/2005