
Las cosas del “Gallo”
Toreaba Rafael el “Gallo” en Madrid. En su primer toro hizo, además de su conocida “espantá”, una de las peores faenas de su vida torera. Llovieron almohadillas, y el público se hartó de gritarle.
Cuando el “Gallo” decaido por su suerte, volvió junto a la barrera, Vicente Pastor, que lo apreciaba mucho, se creyó obligado a consolarle. Y así, le dijo, con tal fin:
- ¡Hay que ver cómo está el público esta tarde, Rafael!...
A lo que el “Gallo” le respondió con viveza:
- Para vosotros, colosal. ¡Ya los he “dejao” a “tos” roncos”
División de opiniones
Acababan de celbrarse las corridas de la feria de Córdoba. Rafael el “Gallo” regresaba en el tren a Sevilla. Durante el trayecto, en el pasillo del coche-vagón tropezó con un amigo que, desde Madrid, se dirigía también a Sevilla.
Tras saludarse efusivamente, recayó la conversación sobre las corridas de Córdoba. Fue el amigo preguntando al “Gallo” por la actuación de todos los diestros que en ellas tomaron parte, así como el juego que había dado el ganado. Al fin le dijo:
- Y tú, ¿qué tal has estado? ¿Qué opinaba el público de tu actuación?
A lo que el “Gallo” contestó con seguridad:
- Pues, mira, de mí sólo sé decirte que las opiniones quedaron divididas.
-
¿Entre tú y el “Bomba”? – preguntó el amigo.
- No –respondió Rafael--. Que unos se metían con mi madre y otros con mi padre.
El mejor torero
Charlaba Rafael el “Guerra” con un grupo de amigos cuando uno de estos le dijo:
- Oye, Rafael, ¿quién crees tú que después de ti ha sido el mejor torero durante este periodo de la historia de España que termina hoy con la coronación del Rey Alfonso XIII?
- Después de mí “nadie”, y después de “nadie”, Antonio Fuentes respondió muy serio el diestro de Córdoba, cuya contestación arrancó las carcajadas de sus amigos.
Tres glorias
El nombre de “Lagartijo” llena, junto con el de “Frascuelo”, toda una época del toreo. Dejó en los anales taurinos clasificada con su nombre una media estocada, porque nadie hubo que la ejecutara con tamaño valor y limpieza.
